Una noche de sábado del mes de diciembre de hace tres o dos años no recuerdo bien, a unos cuantos días de navidad, mi chava y yo decidimos visitar el centro de nuestra ciudad de Guadalajara para ver los ornamentos iluminados, los santas morenos, y toda clase de adorno cobijado por la noche.
El frio se sentía sabroso y llego el momento en que era necesario tomar algo caliente, ella se decidió por un café, moka con nuez lo recuerdo bien, y yo me tome un chocolate. Al poco tiempo de haberse acabado las bebidas el clima nos ordeno tomar más.
Tras un recorrido exhaustivo por todas las plazas, calles, y después de escuchar a la banda municipal interpretar música navideña, el cuerpo humano comenzó sus funciones fisiológicas, en especial los riñones.
Con una ligera molestia comencé a caminar en busca de un baño, después de varios minutos arribe a un estacionamiento donde se encuentran los sanitarios públicos, cual será mi sorpresa que estaban cerrados, a una persona que ahí se encontraba le pregunte - disculpe ¿volverán a abrir los baños? , lo que pasa es que no aguanto--- mmm No joven ya no se abren hasta mañana-- me contesto aquel hombre, -- pero a dos calles hay un hotel donde puede llegar, sin pensarlo dos veces me dirigí al hotel, y esa pequeña molestia cada segundo iba aumentando.
Al llegar al hotel entre deprisa y justamente en medio de la recepcion una voz me detiene-- ¿A dónde va? con un tono impositivo, -- al baño-- le conteste, --- mmm están fuera de servicio en este momento los están aseando--- me dijo, --pero es una emergencia-- conteste con voz de angustia, -- lo lamento de veras pero en una media hora con gusto le permitiré usarlo-- me dijo con tono sarcástico. Inmediatamente salí de ese lugar y recordé que cerca se encontraba un Kentucky y que ahí tienen baños, no me di cuenta el momento en que comencé a correr, al llegar al establecimiento me dirigí rápidamente al sanitario, cuando veo que hay una cola enorme para entrar; pensé está bien me espero, pero mi cuerpo decía otra cosa, si te esperas 1 minuto dejare soltar la orina estés donde estés, no podía arriesgarme a pasar semejante vergüenza.
Me decidí a salir en busca de un lugar donde poder orinar, la angustia se volvió desesperación, y esta casi me vuelve loco, cuando por fin en una calle cercana, vislumbre una barda obscura, como insecto a la luz me acerque y después de voltear a ambos lados y cerciorarme que nadie me veía, comencé a orinar.
No puedo describir la sensación de alivio que en ese momento viví, era algo maravilloso, estaba extasiado, cuando de pronto una voz grave interrumpió el sublime momento, --¿qué cree que está haciendo?-- me pregunto, --meando-- con gran satisfacción le conteste, al voltear me di cuenta de que era un policía. Mi explicación fue en vano, me subieron a la patrulla y me llevaron a los separos.
Todo por mear.
arrogantemente humilde (buho)
martes, 21 de octubre de 2008
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